Quinta Monroy - La genialidad al servicio de la necesidad

En lo simple muchas veces está la mejor respuesta o en palabras distintas “la capacidad de síntesis y la sencillez son la respuesta a los problemas más complejos”, así lo describe Alejandro Aravena de 48 años quien obtuvo el premio Pritzker, considerado el Nobel de la Arquitectura. Con este incomparable reconocimiento era el único a quien se le podía presentar un desafío que para muchos parecía imposible. Radicar a 100 familias que durante 30 años habían ocupado ilegalmente un terreno de 0.5 hectárea en el centro de Iquique evitando la erradicación de estas familias a la periferia.

Quizá la solución más obvia era un gran edificio colmena lleno de pequeños departamentos que más que solución ofrecía un hacinamiento vertical que empeoraba la solución. Alejandro estaba llamado a resolver  por lo que decidió construir mitades de casas que cada familia podría ampliar con cierta flexibilidad. Para esto hizo lo que pocos hacen, consultar a los futuros residentes sobre sus preferencias. Esto permitió que fuesen los mismos beneficiarios quienes “dinámicamente” transformaran, en el tiempo, la mera solución habitacional, en una vivienda.

Desafío Quinta Monroy – La genialidad al servicio de la necesidad

Si se usaba la lógica básica de 1 casa = 1 lote aun cuando se hiciera al mínimo de las dimensiones en el terreno disponible estarían quedando alrededor de 70 familias sin hogar. Ocurre porque si bien estéticamente funciona, en la tipología de casas aisladas el uso del suelo es extremadamente ineficiente.

Auto-construcción dentro de su estructura

Si se piensa en un edificio por ejemplo su única opción de crecimiento es el piso uno y el último, en el primero horizontal y en el segundo vertical, bajo esta lógica la propuesta de Aravena en concepto fue hacer un edificio que tuviera sólo el primer y el último piso. De esta manera los conjuntos serían auto-construidos pero con la característica de que los crecimientos ocurrieran dentro de su estructura si bien no controlados si enmarcados impidiendo la construcción espontánea a fin de evitar el deterioro del entorno urbano en el tiempo.

Diseño para su estado final.

De esta manera el premiado arquitecto consiguió en vez de una casa chica en 30 m2 proyectar una vivienda de clase media entregando en primera instancia sólo una parte. En ese sentido, las partes difíciles de la casa (baños, cocina, escaleras, y muros medianeros) están diseñados para el estado final (una vez ampliado), es decir, para una vivienda de más de 70m2.

Hacerse cargo de lo complejo

En palabras del propio estudio de Aravena, “Cuando la plata alcanza para la mitad, la pregunta relevante es qué mitad se hace. Nosotros optamos por hacernos cargo de aquella mitad que una familia individualmente nunca podrá lograr. Esa es la manera en que esperamos contribuir con herramientas propias de la arquitectura a una pregunta no-arquitectónica: cómo superar la pobreza”.

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Alejandro Aravena  estaba llamado a resolver, no a complicar por lo que decidió construir mitades de casas que cada familia podría ampliar con cierta flexibilidad.

arquitecto

«La capacidad de síntesis y la sencillez son la respuesta a los problemas más complejos” –  Alejandro Aravena, ganador premio Pritzker de Arquitectura.

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De esta manera el premiado arquitecto consiguió en vez de una casa chica en 30 m2 proyectar una vivienda de clase media entregando en primera instancia sólo una parte para luego ser terminada por los propios habitantes. 

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