Palacio Pereira: La Arquitectura en rescate de las maravillas clásicas

En una emblemática esquina del centro de Santiago, Huérfanos con San Martín, desde hace más de 150 años se encuentra el imponente Palacio Pereira, una construcción neoclásica que se impone desde 1874 como uno de los íconos arquitectónicos de nuestra capital. Diseñado por el arquitecto francés Lucien Henault, en su nacimiento acogió a la familia del empresario y político chileno Luis Pereira Cotapos (1835 – 1909), pero durante las décadas siguientes cambió varias veces de dueños. Ya hacia 1975 fue declarado Monumento Nacional y en 2011 fue comprado por el Estado como parte del Legado Bicentenario.

En el contexto del plan de rescate a estos verdaderos baluartes nacionales el año recién pasado se puso en marcha un completo plan de restauración del edificio para transformarlo en una de las dependencias del Ministerio de Cultura.

Una Maravilla de la arquitectura

Su inusual forma en cruz es una de las característica rupturista para un Santiago colonial que era una ciudad de fachadas continuas, muy simples y sin espesor. Este edificio es uno de los que inaugura esta trama neoclásica con una riqueza ornamental que trae la fachada pública hacia dentro y que genera una nueva escenografía para la vida social de la época. Ya con el pasar de los años la situación interna del edificio era muy triste un interior derruido donde casi no había piso ni techo, la mayoría de las cornisas y ornamentos se habían caído y hasta vegetación había crecido dentro. Todo esto en consideración a los daños recibidos por el terremoto de 1985, y durante 30 años su antigua grandeza sufrió la erosión del abandono.

Tras la adquisición gubernamental a fines de 2011 el Estado convocó a un inédito concurso internacional, a través del Ministerio de Obras Públicas (MOP), para elegir un proyecto que estuviese a la altura de la historia del edificio, la propuesta ganadora contó con un diseño que respetaba la mansión completa de 2.247 m2 y proponía la construcción de un nuevo edificio, pero solo de cuatro plantas.

Un ejército de restauración y presupuesto ejemplar

Hay definitivamente un antes y después del Pereira. Los recursos también fueron palabras mayores: casi $ 15 mil millones financiados por el MOP. Más de 40 restauradores intervinieron con bisturí la fachada y el interior de las paredes, descubriendo las capas de suciedad y pintura hasta llegar a la original de 1873. Hoy el color es una mezcla indefinida de tonos testigos del paso del tiempo. Se ajustó a la norma italiana de la albañilería simple y no a la norma del hormigón armado típica de Chile. Eso posibilitó que se insertaran fierros dentro de los muros que amarran las paredes de una forma sutil casi invisible.

Los arquitectos además transformaron la parte trasera: donde antiguamente había jardines y caballerizas e instalaron un patio a cielo descubierto y levantaron un edificio de cuatro pisos con vigas de hormigón de líneas simples y un auditorio subterráneo con capacidad para 300 personas.

Un nuevo edificio con respeto a lo clásico

En ese edificio funcionan hoy las oficinas de una parte del Ministerio de las Culturas, se habilitó el gabinete de la Ministerio, el Consejo de Monumentos y la Subsecretaría del Patrimonio. Se trata de un proyecto icónico de cómo el Estado enfrentó el desafío de proteger y recuperar patrimonio. Además, se definió que esta sería la casa de la institucionalidad patrimonial del país. Con este proyecto se recupera una herencia arquitectónica que se enseñará a las nuevas generaciones, por eso el edificio cuenta con un espacio abierto a la ciudadanía.

Así, el primer piso del edificio patrimonial se dispone para el uso público, contando con una biblioteca, cafetería y un centro de documentación donde se podrán hacer recorridos libremente. Para eso el segundo piso cuenta con un pasillo perimetral independiente que permite a los funcionarios del ministerio transitar sin la necesidad de bajar al primer piso. A su vez ambos niveles se conectan con escaleras de caracol doradas y de corte contemporáneo que conviven con paredes de ladrillos originales del 1800.

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En un principio el Palacio acogió a la familia del empresario y político chileno Luis Pereira Cotapos (1835 – 1909), pero durante las décadas siguientes cambió varias veces de dueños. En 1975 fue declarado Monumento Nacional y en 2011 fue adquirido por el Estado como parte del Legado Bicentenario.

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La intervención mantiene los elementos y fachadas características, respetando el espíritu e identidad del edificio original, incluso conserva el vacío interior dejado por el derrumbe, del mismo modo incorpora un edificio moderno que cumple con las condiciones de uso de las instalaciones integrándose en el antiguo Palacio sin alterar su sello.

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